No para de crecer.
La primera historia se sitúa en Palermo. Allí se lo vio caminar de la mano de su señora. El, que con una mano la llevaba a ella, en la otra cargaba con una bolsa de Rip Curl. La vista aguda del corresponsal los vio ingresar en el local de la misma marca que se sitúa por Gorriti y Armenia aproximadamente. Minutos después, dejaron el local.
Luego de la breve investigación nos enteramos que había cambiado su regalo navideño por uno igual, pero de talla más grande.
Un Bebé Gigante.
Pantalón de vestir. Camisa. Saco y corbata. Celular en la oreja y paso firme por Av. Santa Fe. Por lo torcida de su boca no sabemos si le estaba susurrando al celular o lo hacía por default, pero eso no nos importa, porque cuando cruzó la mirada con una señorita, simplemente la invitó a tomar algo. Ella aceptó y todo terminó en su cuarto.
Un verdadero proyecto de Jaba.
Su primera vez.
Y no es precisamente El Panza quién interviene en esta historia, sino ese gran proyecto de Jaba. Diecinueve añitos tenía ella y un tesoro por entregar.
Su inocencia quedó desparramada en forma de charco en las sábanas del muchacho, quién pasó el resto de la noche tratando de limpiar las huellas de su virilidad.
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